Wednesday, April 29, 2026

La Frontera No está en los mapas. Está donde el mar se pelea con la tierra y siempre pierde. Esa línea de arena mojada. De día la tapa el agua salada. De noche la devuelve el viento. Ahí no manda nadie. Ahí manda el gualicho. El gualicho no tiene forma. Es el frío que sube por las piernas cuando la noche está cerrada. Es el ruido de las caracolas que suenan aunque no haya caracolas. Es la seguridad de que algo mira desde los médanos. Los elementos no piden permiso. La tormenta entra del sudeste sin golpear. El cielo se pone negro . El rayo cae en el agua y la luz queda flotando un segundo, como si el mar se prendiera fuego por dentro. Los viejos atan los toldos y no hablan. Saben que cuando truena así, alguien no vuelve. El fuego aparece después. Lo prende el hombre, creyendo que domina. Fogón en la playa, leña de tala, círculo de piedras, el fuego le gana a la noche. La gente se acerca, se ríen. El mar ruge a diez metros pero no se anima. Hasta que una ráfaga lo apaga. De golpe. Sin ceniza, sin brasa. Como si nunca hubiera estado. El gualicho no sopla. El gualicho espera. A la mañana siguiente la frontera sigue ahí. La arena está lisa. No hay pisadas. No hay restos del fuego. El mar y la tierra se separan otra vez con una línea de espuma sucia. Y la frontera no le debe explicaciones a nadie.